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El biogás generado en los digestores anaeróbicos de las depuradoras y en el subsuelo de los vertederos es recogido, purificado y utilizado como combustible interno en los motores de cogeneración o turbinas para la producción de energía eléctrica, como una alternativa al gas natural. El biogás está constituido principalmente por metano y dióxido de carbono y en función a su origen contiene sulfhidrico, aromáticos (BTEX), alcoholes, cetonas, amoniaco, terpenos, mercaptanos, haluros, VOC's,, otros hidrocarburos ligeros, etc. etc., Los residuos de su combustión pueden contener trazas de impurezas de calcio, azufre, zinc y derivados de silicio.
La mayoría de ellos se volatilizan rápidamente a la atmósfera y con el tiempo se degradan en dióxido de carbono, sílice y agua. Pero algunos, no obstante, acaban en las aguas residuales y en los sólidos urbanos de desguace y se produce su inevitable acumulación en vertederos y depuradores, donde se consideran uno de los contaminantes más difíciles de controlar.
A pesar de no ser contaminantes medio ambientales, los siloxanos adquieren importancia a partir de los años 80, al descubrirse su implicación en el deterioramiento prematuro de los motores, responsables de la obtención de energía. Estos derivados de silicio, al ser sometidos a elevadas condiciones de temperatura y presión en el interior de los cilindros, dan lugar a la formación de microcristales de dióxido de silicio (SiO2), un sólido blanco que al acumularse provoca la erosión y el gripado de los motores.
Estudios recientes rebelan vías alternativas de origen y degradación de los siloxanos, entre las que destacan la descomposición de materiales orgánicos, en el primer caso, y la degradación microbiológica en el último.